Entre el destino, la suerte y Dios, todo puede pasar a ser responsabilidad de otro organismo.
Cruzamos los dedos para atraer a la suerte, juntamos las manos para ser oídos por Dios mismo, y dejamos las cosas al destino. ¿Es que no nos podemos hacer cargo de nuestros propios actos? ¿Es que es tan pesada la responsabilidad que debemos delegar parte de ella?
La suerte no es mas que un juego de niños. Es lo que nos hace divertirnos en el casino mientras dejamos todo al azar, y si es que lo perdemos, echamos culpa a la mala suerte. Capáz para así sentirnos menos culpables o estúpidos sabiendo que no había forma de parar o cambiar lo que del azar salió. Pero en fin, siempre hubo una forma de detenerlo, que fue nunca arriezgarlo.
Dios. Él es un tema controversial. Prefiero no cruzar esa línea en mi primera entrada. Pero...¿Que sea lo que Dios quiera?
El destino. No lo niego, sólo que no lo creo. Uno se fía en el destino, se siente mejor pensando que si una cosa no hubiera pasado la otra no hubiese tenido lugar alguno para suceder. Pero si se piensa bien, el destino también tiene sus trucos.
Puede que sea verdad que sin tal cosa tal otra no hubiese podido suceder, pero también, eliminando el primer hecho, por lo tanto el segundo, otras hubiesen sucedido. ¿Quién puede saber, en fin, cuales hubiesen sido mejores? ¿Quién puede garantizar que ésta cadena de eventos que el destino forjó es mejor que la que pudiese haber sido si el primer eslavón hubiese sido diferente?
Entonces por qué creer en el destino si uno puede hacer de su vida lo que desee.
"El problema es la elección" como bien dijo el Arquitecto.
No creo que sea necesario delegar, pero sí respeto a la gente que cree en algo trascendente, más poderoso que uno mismo. Respeto a la Fé del hombre y a sus diferentes religiones. Y creo que la vida es mucho mas suave si uno no se cree sólo en el universo.
Ojalá yo creyese.
martes, 21 de agosto de 2007
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