Un día, a una semana de su partida, Mariana salió sola a la tarde a pasear por Buenos Aires.
Le gustaba mucho la ciudad, y raramente se sentía cómoda allí, capaz aún más que en Córdoba.
Laura se había quedado a dormir en lo de un chico que conocieron en el bar, y Mariana tenía ganas de tomar un café por ahí.
Se llevó un libro de poesías de Jacques Prevert y salió a la calle.
Después de pasear un poco por Santa Fé, ya con tres bolsas de ropa recién comprada, encontró un lugar en Café Martinez dónde tomó un cappuccino y comió un brownie con helado de vainilla.
Se hacían las 7:30 de la tarde y ella se había perdido en el mundo del señor Prevert.
Tenía que volver rápido al hotel porque Laura iba a llegar en cualquier momento y seguro se preocuparía si no la encontraba, asique pidió la cuenta, dejó la propina y se dirigió rápidamente a la puerta del lugar.
Torpe con ella sola se tropezó con un hombre jóven que intentaba entrar. Casi más lo tira de espalda al piso.
El hombre la miró como sin poder creerlo.
Ella lo miró sin entender.
Él se paró de nuevo erguido, le agarró el hombro y la miró más detenidamente.
_ ¡¿Luli?!
_ No...Mariana.
_ ¡No!. Luli...¡Sos vos!...¿Puede ser?
_ Disculpá...no te conozco...me tengo que ir.
_ ¡Pará, pará! Por favor, no te vayas. Sentate, hablame...no entiendo nada. Vos estabas muerta...
El hombre parecía a punto de desmayarse y Mariana se sintió mal por él. No sabía por qué éste hombre le hacía sentir algo extraño, y sintió que su deber era explicarle que ella no era Luli, sino Mariana.
_ B-Bueno. Sentémonos. Yo me llamo Mariana, y no estoy muerta...No conozco a ninguna Luli...
Se sentaron. El hombre pidió un vaso de agua, Mariana una Coca Cola.
_ No puede ser. Estás de verdad acá. No es un sueño.
_ Señor, me está empezando a asustar...
_ ¿No entendés? Es que sos vos. Vos sos Lucía Martínez y sos mi hermana. Y yo lo sé eso, porque te conozco de memoria. Pero no puedo entender que estés aca. Conmigo. Vos estabas muerta.
_ ¿Qué? ¿Vos mi hermano? Yo no te conozco. Yo me llamo Mariana Aguirre y ni siquiera tengo hermanos. Vivo en Córdoba y te vuelvo a repetir, estoy viva.
_ Me estás mintiendo. Vos no sos esa persona. No se quien es esa persona pero vos no sos. ¡¿Y que hacías en Córdoba?!
_ ¡Vivo allá!
_ ¡No! ¡Vivís acá!
Los dos se quedaron callados unos minutos mirándose. Parecía una conversación de locos. Uno decía algo, el otro otra cosa y nadie concordaba en nada.
Habló entonces primero Mariana.
_ ¿Cómo te llamas?
_ Nacho, Ignacio Martinez.
No entiendo por qué decís que no sos vos. Sos vos.
Y como cuando se prende una lamparita, la cara de Nacho se iluminó y fue por la billetera.
_ Mirá, decime que esa no sos vos.
Mariana la vió, y la vió más. La miró bien de cerca, y muy detenidamente. Sus cejas se acomodaron de una forma extraña y se la vió confundida.
Era ella. ¿Cómo podía ser ella con esa otra gente?
_ N-No. No entiendo. No puede ser.
_ Luli, ¿Dónde estuviste éstos seis años? ¿En Córdoba?
_ ¿Luli?.
_ Sí: Luli. ¿Qué pasó después del accidente?
_ ¿El accidente?
_ El del tren. Nos dijeron que te habías muerto. Aunque nunca encontraron tu cuerpo, dijeron que...que se había carbonizado. Fue horrible...fue lo peor que nos pasó...
_ ¿Nos?
_ A todos..a los chicos, a mamá...
_ ¿Chicos? ¡¿Hijos?!
_ No Luli, a nuestros hermanitos. ¿De verdad no te acordás?
_ ¡No! ¡Tengo amnesia! No entiendo...no sé...no sé qué pasó...no se quién sos...
_ Luli, Luli, calmate, soy Nacho...
_ ¡No me digas Luli!
_ ¡Pero sos Luli! ¿No entendés? Algo pasó...vos tenés amnesia desde el accidente, ¿Qué hiciste después? ¿Qué es lo primero que recordas?
_ El hospital...e-estuve en coma, un mes y pico y-y mi mamá, con mi papá...ellos me llevaron a casa. Estaba en Córdoba ya y no entendía nada...y me contaron mi vida...
_ ¡¿Qué?! ¿Que mamá y papá? ¡Ellos estaban en casa con nosotros, llorando y enterrándote en Recoleta! ¡¿Y qué vida?!
_ Y...de un accidente de unas amigas...de música que tocaba...
_ ¿Música? ¿Vos?. ¡No! Vos estudiabas Bellas Artes. ¡Dibujabas!, y trabajabas de asistente en un consultorio odontológico. ¿No te acordás?
_ ¡No! ¡Ya te dije que no!. ¡Basta! No me hables así. No entiendo nada.
_ Perdoná Luli, de verdad. Yo menos entiendo. Cuando te ví te creí fantasma. Tengo miedo. No te vayas...vení conmigo. Vení a casa. Por favor, mamá te tiene que ver. Y los chicos. Ella te va a poder hablar mejor. Capaz explicar. En casa hay miles de fotos tuyas. Está tu documento. Necesito que vengas a casa.
_ P-Pero no los conozco...
_ ..Por favor..
_ Bueno...vamos. No quiero, duele...pero necesito saber. Necesito saber quién soy y por qué estoy en ésta foto.
Continuará.
jueves, 6 de septiembre de 2007
Amnesia. Vol.1
Se despierta y no recuerda nada.
Nada de su familia, nada de sus amigos, nada de ella y nada del accidente.
Está en el hospital y le comunican que acaba de salir de un coma.
Los médicos le dicen que su nombre es Mariana y estuvo inconciente por 37 días.
¿Mariana?
Unos personajes sin delantal aparecen en la habitación 205 del segundo piso del hospital de Río Cuarto en Córdoba.
Dicen ser su familia.
Su madre llora, su padre le habla como si tuviera algún retraso mental.
Ella no los conoce.
Pasaron dos semanas y Mariana está físicamente lista para irse a su casa.
Aún no recuerda nada de su vida, y llora todas las noches.
Los médicos parecen creer que la memoria le volverá dentro del corriente año, y si no vuelve, no hay nada que se pueda hacer. Aconsejan a sus padres a que le muestren cosas que la puedan ayudar a recordar: cosas de la infancia y de la casa, que la lleven con amigas, o a lo de otros familiares... lo que sea.
Descubrió, durante durante su segunda semana en el hospital, que había estado en un accidente ferroviario dónde murieron más de 80 personas y ella era una de las pocas sobrevivientes.
Su madre le contó de cuando se enteraron del accidente y del estado de su hija. Lo contaba con lágrimas en los ojos y vos entrecortada, pero Mariana por alguna razón no le creia la tristeza.
Su familia era extraña. Sus padres parecian demasiado contentos con su recuperación y aún así se reusaban a contarle de su vida. Le resumian la existencia cuando ella quería todo lo contrario.
Quería la historia detallada de su vida hasta el accidente. De los 22 años que le dicen que tiene, ella recuerda sólo dos semanas y sus padres no parecen muy contentos al contestarle sus preguntas. De sólo tener un diario íntimo...
Más tarde, ya en su casa, sus padres le contaron al fin más de su vida.
Aparentemente ella había perdido a sus tres mejores amigas en un accidente de auto en el verando del 97 en Buenos Aires.
Sus padres le contaron que después del entierro de las chicas ella simplemente dejó de hablase con cualquier pesona que la conocía de esa época, y conocía su relación con las chicas.
Fue entonces cuando sus padres decidieron mudarse a Río Cuarto. Ellos pensaban que allí su hija iba a poder empezar de nuevo y tener una nueva vida, pero no fue tan así.
Aunque ella eventualmente estuvo mejor y sin duda fue felíz, nunca más tuvo amigos. Conocía gente nueva todo el tiempo, todos los veranos. Se divertía con ellos y salía a bailar.
Pero nunca dio su teléfono ni nunca pidió el de ellos.
En lo posible nunca más los veía.
Le contaron también que le encantaba escribir canciones y tocar la guitarra.
...Si tan sólo recordara cómo...
Pasados los síntomas del "Stress Postraumático", ya casi dos años después del accidente, Mariana ya estaba acostumbrada a su casa en Córdoba, a su familia, y a su nueva vida.
Aún no recordaba nada anterior al accidente, pero ya no estaba tan perdida.
Empezó a trabajar como maestra jardinera en un colegio privado en Córdoba Capital y allí conoció a Laura. Trabajaban juntas y se hicieron amigas rápidamente.
Laura era divertida y Mariana se reía mucho con ella. Durante los próximos dos años que Mariana vivió en Córdoba ellas pasaron mucho tiempo juntas, y en el verano del 2001 se fueron juntas a Buenos Aires.
Los padres de Mariana no estaban para nada de acuerdo con el viaje pero ella tenía 26 años de los cuales sólo recordaba seis. Asique no pretendía desperdiciar ni un segundo de vida no haciendo lo que quiere, si es que puede.
Ese verano en Buenos Aires las chicas se murieron de risa. Iban todas las noches a bares por todo Buenos Aires y a veces iban a bailar.
Conocieron a mucha gente allá, y se hicieron muchos amigos.
Mariana no podía estar más felíz, después de todo lo que había pasado, y lo que le contaron que había pasado, se sentía al fin realizada.
Había encontrado su identidad, y ya se sentía a gusto siendo "Maru".
Pero todo estaba demasiado bien.
Continuará...
Nada de su familia, nada de sus amigos, nada de ella y nada del accidente.
Está en el hospital y le comunican que acaba de salir de un coma.
Los médicos le dicen que su nombre es Mariana y estuvo inconciente por 37 días.
¿Mariana?
Unos personajes sin delantal aparecen en la habitación 205 del segundo piso del hospital de Río Cuarto en Córdoba.
Dicen ser su familia.
Su madre llora, su padre le habla como si tuviera algún retraso mental.
Ella no los conoce.
Pasaron dos semanas y Mariana está físicamente lista para irse a su casa.
Aún no recuerda nada de su vida, y llora todas las noches.
Los médicos parecen creer que la memoria le volverá dentro del corriente año, y si no vuelve, no hay nada que se pueda hacer. Aconsejan a sus padres a que le muestren cosas que la puedan ayudar a recordar: cosas de la infancia y de la casa, que la lleven con amigas, o a lo de otros familiares... lo que sea.
Descubrió, durante durante su segunda semana en el hospital, que había estado en un accidente ferroviario dónde murieron más de 80 personas y ella era una de las pocas sobrevivientes.
Su madre le contó de cuando se enteraron del accidente y del estado de su hija. Lo contaba con lágrimas en los ojos y vos entrecortada, pero Mariana por alguna razón no le creia la tristeza.
Su familia era extraña. Sus padres parecian demasiado contentos con su recuperación y aún así se reusaban a contarle de su vida. Le resumian la existencia cuando ella quería todo lo contrario.
Quería la historia detallada de su vida hasta el accidente. De los 22 años que le dicen que tiene, ella recuerda sólo dos semanas y sus padres no parecen muy contentos al contestarle sus preguntas. De sólo tener un diario íntimo...
Más tarde, ya en su casa, sus padres le contaron al fin más de su vida.
Aparentemente ella había perdido a sus tres mejores amigas en un accidente de auto en el verando del 97 en Buenos Aires.
Sus padres le contaron que después del entierro de las chicas ella simplemente dejó de hablase con cualquier pesona que la conocía de esa época, y conocía su relación con las chicas.
Fue entonces cuando sus padres decidieron mudarse a Río Cuarto. Ellos pensaban que allí su hija iba a poder empezar de nuevo y tener una nueva vida, pero no fue tan así.
Aunque ella eventualmente estuvo mejor y sin duda fue felíz, nunca más tuvo amigos. Conocía gente nueva todo el tiempo, todos los veranos. Se divertía con ellos y salía a bailar.
Pero nunca dio su teléfono ni nunca pidió el de ellos.
En lo posible nunca más los veía.
Le contaron también que le encantaba escribir canciones y tocar la guitarra.
...Si tan sólo recordara cómo...
Pasados los síntomas del "Stress Postraumático", ya casi dos años después del accidente, Mariana ya estaba acostumbrada a su casa en Córdoba, a su familia, y a su nueva vida.
Aún no recordaba nada anterior al accidente, pero ya no estaba tan perdida.
Empezó a trabajar como maestra jardinera en un colegio privado en Córdoba Capital y allí conoció a Laura. Trabajaban juntas y se hicieron amigas rápidamente.
Laura era divertida y Mariana se reía mucho con ella. Durante los próximos dos años que Mariana vivió en Córdoba ellas pasaron mucho tiempo juntas, y en el verano del 2001 se fueron juntas a Buenos Aires.
Los padres de Mariana no estaban para nada de acuerdo con el viaje pero ella tenía 26 años de los cuales sólo recordaba seis. Asique no pretendía desperdiciar ni un segundo de vida no haciendo lo que quiere, si es que puede.
Ese verano en Buenos Aires las chicas se murieron de risa. Iban todas las noches a bares por todo Buenos Aires y a veces iban a bailar.
Conocieron a mucha gente allá, y se hicieron muchos amigos.
Mariana no podía estar más felíz, después de todo lo que había pasado, y lo que le contaron que había pasado, se sentía al fin realizada.
Había encontrado su identidad, y ya se sentía a gusto siendo "Maru".
Pero todo estaba demasiado bien.
Continuará...
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