Se despierta y no recuerda nada.
Nada de su familia, nada de sus amigos, nada de ella y nada del accidente.
Está en el hospital y le comunican que acaba de salir de un coma.
Los médicos le dicen que su nombre es Mariana y estuvo inconciente por 37 días.
¿Mariana?
Unos personajes sin delantal aparecen en la habitación 205 del segundo piso del hospital de Río Cuarto en Córdoba.
Dicen ser su familia.
Su madre llora, su padre le habla como si tuviera algún retraso mental.
Ella no los conoce.
Pasaron dos semanas y Mariana está físicamente lista para irse a su casa.
Aún no recuerda nada de su vida, y llora todas las noches.
Los médicos parecen creer que la memoria le volverá dentro del corriente año, y si no vuelve, no hay nada que se pueda hacer. Aconsejan a sus padres a que le muestren cosas que la puedan ayudar a recordar: cosas de la infancia y de la casa, que la lleven con amigas, o a lo de otros familiares... lo que sea.
Descubrió, durante durante su segunda semana en el hospital, que había estado en un accidente ferroviario dónde murieron más de 80 personas y ella era una de las pocas sobrevivientes.
Su madre le contó de cuando se enteraron del accidente y del estado de su hija. Lo contaba con lágrimas en los ojos y vos entrecortada, pero Mariana por alguna razón no le creia la tristeza.
Su familia era extraña. Sus padres parecian demasiado contentos con su recuperación y aún así se reusaban a contarle de su vida. Le resumian la existencia cuando ella quería todo lo contrario.
Quería la historia detallada de su vida hasta el accidente. De los 22 años que le dicen que tiene, ella recuerda sólo dos semanas y sus padres no parecen muy contentos al contestarle sus preguntas. De sólo tener un diario íntimo...
Más tarde, ya en su casa, sus padres le contaron al fin más de su vida.
Aparentemente ella había perdido a sus tres mejores amigas en un accidente de auto en el verando del 97 en Buenos Aires.
Sus padres le contaron que después del entierro de las chicas ella simplemente dejó de hablase con cualquier pesona que la conocía de esa época, y conocía su relación con las chicas.
Fue entonces cuando sus padres decidieron mudarse a Río Cuarto. Ellos pensaban que allí su hija iba a poder empezar de nuevo y tener una nueva vida, pero no fue tan así.
Aunque ella eventualmente estuvo mejor y sin duda fue felíz, nunca más tuvo amigos. Conocía gente nueva todo el tiempo, todos los veranos. Se divertía con ellos y salía a bailar.
Pero nunca dio su teléfono ni nunca pidió el de ellos.
En lo posible nunca más los veía.
Le contaron también que le encantaba escribir canciones y tocar la guitarra.
...Si tan sólo recordara cómo...
Pasados los síntomas del "Stress Postraumático", ya casi dos años después del accidente, Mariana ya estaba acostumbrada a su casa en Córdoba, a su familia, y a su nueva vida.
Aún no recordaba nada anterior al accidente, pero ya no estaba tan perdida.
Empezó a trabajar como maestra jardinera en un colegio privado en Córdoba Capital y allí conoció a Laura. Trabajaban juntas y se hicieron amigas rápidamente.
Laura era divertida y Mariana se reía mucho con ella. Durante los próximos dos años que Mariana vivió en Córdoba ellas pasaron mucho tiempo juntas, y en el verano del 2001 se fueron juntas a Buenos Aires.
Los padres de Mariana no estaban para nada de acuerdo con el viaje pero ella tenía 26 años de los cuales sólo recordaba seis. Asique no pretendía desperdiciar ni un segundo de vida no haciendo lo que quiere, si es que puede.
Ese verano en Buenos Aires las chicas se murieron de risa. Iban todas las noches a bares por todo Buenos Aires y a veces iban a bailar.
Conocieron a mucha gente allá, y se hicieron muchos amigos.
Mariana no podía estar más felíz, después de todo lo que había pasado, y lo que le contaron que había pasado, se sentía al fin realizada.
Había encontrado su identidad, y ya se sentía a gusto siendo "Maru".
Pero todo estaba demasiado bien.
Continuará...
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